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El Estado y territorio: dos elementos conectados para el progreso

Eduardo Quintero

 

El Tratado de Westfalia en 1648 produjo un viraje dentro de la estructura del  sistema gay movies
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internacional, colocando la figura del Estado como el principal conductor de los hilos de una nación. En sentido, se instala el principio de soberanía territorial, basada en el hecho de que el Estado es la máxima autoridad, rompiendo con el mundo medieval al bajar de la cima el papado como autoridad política.

Esto significa el establecimiento de dos tipos de órdenes según el pensamiento realista de las relaciones internacionales: el primero,expresa que el principio ordenador del sistema político internacional no es jerárquico, sino descentralizado y anárquico, y el segundo, concerniente al carácter endógeno del Estado, donde predomina una jerarquía ubicando al presidente, primer ministro o rey según el régimen político como la máxima representación de poder.

En Colombia, no fue sino hasta 1810 día de la independencia y primera República, que gracias al surgimiento de una élite criolla ilustrada, la débil presencia del gobierno monárquico y el cambio demográfico que aumentó el peso relativo de las élites con una mayoría de criollos que españoles, pudimos constituirnos como Estado-nación soberano, conformando las Juntas Provinciales de Gobierno como los primero intentos de un gobierno propio.

En ese orden de ideas, la construcción interna del Estado colombiano desde sus inicios ha sido debatida y rivalizada por dos grandes visiones políticas, el centralismo y federalismo, que conformaban el espectro político de dos próceres de nuestra independencia Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander respectivamente.

Hoy en día, es innegable que la visión política establecida dentro del territorio colombiano es la del centralismo. Sin embargo, este modelo de Estado centralista, influenciado por el diseño francés napoleónico, no ha permitido el progreso de un país próspero y desarrollado, porque lo que existe es una desigualdad socioeconómica abismal, pobreza extrema, informalidad laboral, calles sin pavimentar, casas sin agua potable y electricidad, en fin un porcentaje alto de familias con necesidades básicas insatisfechas y una inseguridad permanente en la calles del territorio nacional. Más allá de las frases cliché, los problemas que millones de personas tienen año tras año no han tenido una solución pertinente, llevándonos a pensar obligatoriamente en que algo está fallando con nuestros gobernantes, que tienen acceso a cifras considerables de recursos para responder a tales necesidades y aun así, no vemos nada.

Es notorio el fracaso del centralismo y de la concentración de poder que hay en la capital, pero también, hay una ausencia de políticas y estrategias efectivas que impulsen verdaderamente un crecimiento económico y que mejoren las condiciones sociales, que permitan crear un avance en los niveles de productividad, competitividad y sostenibilidad en el marco de la globalización.

Se necesita un Estado que implemente políticas incluyentes, que se conecte con los intereses de las regiones, que reconozca y comprenda el desarrollo territorial moderno y la diversidad regional del país, de la misma manera, se requiere plantear alternativas a la estructura política y administrativa del Estado colombiano que significaría ponerle freno a la lógica centralista para generar oportunidades en las regiones golpeadas por la pobreza, la hambruna y el analfabetismo y así superar los desequilibrios regionales y potencializar nuestro capital humano.